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Adquisición de 2007. José Manuel Ballester es actualmente uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional; meticuloso dibujante, pintor, fotógrafo, grabador, buen conocedor de las técnicas artísticas y sumamente perfeccionista en su ejecución.
El Museo ha adquirido directamente del artista la práctica totalidad de su producción gráfica, que representa un periodo de casi veinte años de trabajo, enriqueciéndose notablemente la presencia de Ballester en las colecciones, hasta ahora limitada a tres pinturas, tres fotografías y tres estampas. En este conjunto de casi cincuenta obras se distinguen claramente cuatro bloques, correspondientes a diferentes técnicas y etapas: litografías (1988-1995), aguafuertes y aguatintas (1996-2000), heliograbados (2000-2006) e impresiones digitales (2001-2006).
Ballester se introduce en el arte gráfico a través de la litografía, dada la idoneidad de esta técnica para plasmar semitonos y crear imágenes con el mismo grado de inmediatez y frescura que en dibujo. Estas obras contienen gran parte del repertorio urbano que protagonizará su creación en lo sucesivo: junto a algunas naturalezas muertas, destacan las obras públicas, puertos, puentes y autopistas, azoteas, edificios en construcción –como la estación de cercanías de Atocha-; espacios públicos, monumentales y vacíos, en los que parece no caber la presencia humana.
En la segunda mitad de los años noventa trabaja con las técnicas del grabado calcográfico, especialmente el aguafuerte y el aguatinta bruñida a la manera negra, para expresar cualidades pictóricas y un intenso contraste entre luces y sombras. Destacan las imágenes de puentes y escaleras, lugares de tránsito, y de las habitaciones con una cama vacía y deshecha como único rastro de humanidad. Algunas de estas obras merecieron en 1999 el Premio Nacional de Grabado, concedido por la Calcografía Nacional a un artista por su actividad como grabador desarrollada durante el año 1998.
Los heliograbados de 2000, en cuyo proceso de ejecución intervino Unai San Martín, experto en esta técnica, son, en palabras de Barbara Rose, “naturalezas muertas arquitectónicas”, imágenes de espacios públicos banales, interpretadas con una gradación tonal que remite a un espacio más mental que físico.
José Manuel Ballester fue uno de los primeros artistas invitados por la Calcografía Nacional para trabajar en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Estampa Digital, instalado en 2000. Allí experimentó con tintas, impresoras y recursos informáticos, produciendo obras que en ciertos casos son ejemplares únicos. En algunas de ellas, Ballester ha barnizado la superficie del papel para proteger las tintas y lo ha adherido a otro soporte grueso y rígido.
El origen de sus impresiones digitales suele ser una fotografía, posteriormente tratada con Adobe Photoshop y Quark-X-Press, e impresa con impresora Mimaki JV2-130.
El artista parte de una imagen guardada en el ordenador como archivo digital, cuyos elementos constitutivos –textura, color, luz-, retoca y manipula con meticulosidad, modulando los tonos pictóricamente y creando otra realidad de carácter artificial, más cercana a una visión estilizada del entorno que a un enfoque documental.
Óscar Muñoz Sánchez Conservador del Servicio de Dibujo y Arte Gráfico
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